allá donde la memoria vieja
llueve en quietud sepulcral,
donde el aire remolina olor a leña, yuyal y pobreza, allá justo donde el apagamiento, después de la vergüenza se incrustó y se convirtió en piel sobre la piel, reniego de la enblanquecida.
Más atrás, bajo los cimientos de la ciudad construida, húmeda de lágrimas, sólida de huesos, pérdidas sin regreso.
Soñar un poco aveces es mi respuesta, respirar en el intento de reinventar el cuento.
Y todavía, lucidamente, allá, bien allá, escucho temblorosa la voz de la abuela martirizada, cincelada, evangelizada, insistente:
-"Tenes que salir de acá, ser más estudiada''
Y mientras, yo, más acá,
corriendo atrás,
aprendiendo a limpiar mejores casas, lavar mayores ventanas para pagar la cuota, la comida y el derecho a una almohada.
No cambió nada, aunque me eche más polvo blanco en la cara yo sigo siendo la nieta y la cara de quien un día intentando esconderse creyó convertirse en blanca, y cuando bajó la guardia, ¡Zas! ¡blanco de caza!
Nenhum comentário:
Postar um comentário